
Conozco poquísima gente que diga que no le gusta para nada viajar; personalmente siempre me ha encantado, recuerdo algo que me sucedía cuando era mucho más nena de lo que soy ahora...
Preparado el equipaje mi papá se sentaba al volante, mi mamá de costumbre hacía las veces de copiloto, mientras yo perdía mis pensamientos entre las maravillas que contemplaba al otro lado de la ventana.
Tal vez fuese en parte que las manos fuertes y seguras de mi padre me hacían relajarme y confiar en que llegaría segura a mi destino, tal vez fuese en que mi mente volaba y corría a perderse entre las montañas, mi cuerpo nadaba entre las olas y mis pequeñas manecitas acariciaban ya las flores que mis ojos iban encontrando por el camino...
El caso es que me hace sonreir el recordar cómo mamá echaba la vista hacía mí para ver si me habían dejado en tierra o me había sucedido algo, pues no pronunciaba apenas palabra hasta llegar a nuestro destino, si si!! ni tan siquiera el consabido "Cúando llegamos??"
En 5 días tendré la suerte de viajar a Lisboa y mucho antes de llegar a ella seguro me perderé por sus calles y admiraré lo lindo que seguro ha de ofrecerme...